
La encontré tirada en la basura hace unos días. Eran cientos de diapositivas. Cuando la miré me gustó el vestido amarillo y la chica riéndose. Quizás ella siga siendo madre o quizás las dos…feliz día este domingo.

La encontré tirada en la basura hace unos días. Eran cientos de diapositivas. Cuando la miré me gustó el vestido amarillo y la chica riéndose. Quizás ella siga siendo madre o quizás las dos…feliz día este domingo.
A veces tengo suerte. Una amiga me llamó y me dijo que en la basura había miles de fotos tiradas. Cuando llegué, el camión se estaba por llevar todo. ¿Qué encontramos? Más de 450 diapositivas.
Ahora estamos buscando un proyector para pasarnos todo el fin de semana imaginando vidas de gente que ni conocemos.
Para mí era «Mamita», una mujer de miles de años que caminaba despacito con su bastón. Mi mamá me dijo una vez que era casi ciega. Yo nunca sabía si ella me miraba o no. Mucho tiempo después supe que se llamaba Bernardina Centenaria, que era la hermana menor de mi bisabuela, que se había casado a los 18 años y que no sabía qué iba a pasar la noche de bodas. Murió hace unos años.

«La mujer de Otavalo» del álbum «Andean Paradise» de André Roosevelt, 1939.
Andean Paradise es un álbum de fotografías de Ecuador que tengo en mi biblioteca. Tiene alrededor de 50 fotografías originales, cuidadosamente pegadas, de 1939. Encontrarlo fue como encontrar un tesoro. Fue en un remate para amantes de Star Wars, The Beatles y actrices de Hollywood. El álbum estaba expuesto en una vitrina por lo que sólo se veía la portada de cuero; del interior no se sabía nada. En Internet tampoco había ninguna referencia.
Fui buscando llevarme un daguerrotipo de dos hombres jugando a las damas pero nunca lo conseguí. Y cuando llegó el turno de este álbum, nadie ofreció nada, salvo yo. No sé por qué levanté la mano. Hace algunos años había recorrido Ecuador en una casa rodante. Fueron apenas dos semanas, pero ese tiempo alcanzó para que Ecuador me pareciera fascinante. Creo que fue por eso.
Por surcar mejores aguas alza las velas
ahora la navecilla de mi ingenio,
que un mar tan salvaje detrás de sí abandona.
(Canto I, Purgatorio, Divina Comedia, Dante Alighieri)
Encontré historia, memoria y silencios en la Feria de Libros de Fotos de Autor y fui atraída inmediatamente por las fotografías. Una inquietante extrañeza envuelve el libro. No sé mucho de Lorena Guillén Vaschetti. Sé que nació en Rosario en 1974, sé que es arquitecta, mitad antropóloga y fotógrafa. Sé que su libro empieza con la Divina Comedia y que detrás y adentro de su libro hay una historia familiar muy triste.

Placa estereoscópica de un cementerio en Rocha, Uruguay (1909).
A veces las palabras y las imágenes se juntan por alguna razón. Después de poner una al lado de la otra, aparece el hilo que las recorre y las separa. Esa necesidad de compararlo todo, de hacer que cada cosa se parezca a otra cosa, de abrirse paso a fuerza de metáforas puede ser un acto arbitrario pero, ciertas veces, se aparece con claridad. Hoy me regalaron el número 4 de la Dulce equis negra, el único que me faltaba. Abrí las páginas y apareció Berger. Y entonces me acordé de esta fotografía profundamente hermosa: un cementerio de Rocha, de caracolas y rosales.
“No se nace mujer, se llega a serlo”, exclama Simone de Beauvoir en El segundo sexo. Mi tatarabuela Ana Ader de Grunbaum nació en Argentina alrededor de 1880. Se casó con el austríaco Rodolfo Grunbaum en 1905 y tuvo dos hijas: Elisa Ana Julia Bernarda (mi bisabuela) y Bernardina Centenaria. Vivió en Adrogué; pasó largas estadías en Francia, y finalmente murió en Córdoba. Junto a su marido Rodolfo compró dos cámaras estereoscópicas para retratar su vida privada.

Lo que hoy parece de mal gusto y morboso fue una práctica habitual desde el nacimiento de la fotografía hasta la década del 40. La mortalidad infantil en el siglo XIX era altísima, por lo que los retratos de niños muertos eran comunes: los padres desesperadamente buscaban preservar el rostro de sus hijos que habían tenido una existencia tan breve. De América Latina, conservo con profundo cariño tres originales de estas fotografías y una reproducción.