historia, memoria y silencios

Por surcar mejores aguas alza las velas
ahora la navecilla de mi ingenio,
que un mar tan salvaje detrás de sí abandona.

(Canto I, Purgatorio, Divina Comedia, Dante Alighieri)

Encontré historia, memoria y silencios en la Feria de Libros de Fotos de Autor y fui atraída inmediatamente por las fotografías. Una inquietante extrañeza envuelve el libro. No sé mucho de Lorena Guillén Vaschetti. Sé que nació en Rosario en 1974, sé que es arquitecta, mitad antropóloga y fotógrafa. Sé que su libro empieza con la Divina Comedia y que detrás y adentro de su libro hay una historia familiar muy triste.

El primer libro de Lorena empieza con un camión de basura llevándose fotos familiares. Su  madre pensó que era mejor olvidar ciertas cosas y se deshizo de todas las diapositivas que guardaba en cajas color arena. Quedó solamente una caja. Lorena tomó las diapositivas y comenzó a fotografiarlas con un lente macro. Hay zonas en las imágenes que están totalmente fuera de foco, otras apenas borrosas, pero siempre hay un punto en que el ojo descansa al encontrar cierta definición. En su libro escribe: “Todos se veían tan diferentes a como yo los recordaba…¡tan felices! Como si el pasado no hubiese sido como yo lo imaginaba. ¿En qué difiere mi idea del pasado de lo que verdaderamente fue?”.

historia, memoria y silencios es un trabajo  intuitivo que se fundamenta en una memoria selectiva, que recuerda y se apropia de algunos sucesos del pasado y que deliberadamente elige dejar otros a un lado. Además de las diapositivas sueltas, Lorena encontró paquetes cerrados con papel y banditas elásticas. No sé cómo, pero su intriga no fue tan irrefrenable como para no aguantar  y abrir los paquetes. A veces es mejor el silencio.

¿Cómo se separa lo que verdaderamente ocurrió, la construcción de la memoria y lo que muestra una imagen que no habla? Me acuerdo de Lo que vemos, lo que nos mira de Georges Didi-Huberman y la pregunta fundamental: ¿por qué lo que vemos delante nos mira adentro?:

“Mirar sería tomar nota de que la imagen está estructurada como un delante-adentro: inaccesible y que impone su distancia de un contacto suspendido, de una imposible relación de carne a carne. Esto quiere decir, justamente – y de una manera que no es sólo alegórica- que la imagen está estructurada como un umbral. Un marco de puerta abierta, por ejemplo. Una trama singular de espacio abierto y cerrado al mismo tiempo. Una brecha en una pared, o un desgarramiento, pero obrado, construido, como si hiciera falta un arquitecto o un escultor para dar forma a nuestras heridas más íntimas”.

Las fotografías de Lorena nos enfrentan continuamente a esta ambivalencia. Didi-Huberman nota que Dante no solo coloca una puerta a la entrada del Infierno, sino igualmente en la del Purgatorio: “una abertura que irrumpe en una pared”. Estas fotografías son como umbrales: pared y laberinto al mismo tiempo.

“Si puedes poner los cinco dedos a través de ella, es una verja, si no, una puerta. Cierra los ojos y mira”. (Ulises, James Joyce)

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