
Llora, llora urutaú
en las ramas del yatay.
Ya no existe el Paraguay
donde nací como tú.

Bernardo Ader viajó solo a la Argentina en 1860 con apenas quince años. Una tarde vio un retrato sobre un piano y se enamoró. Esa mujer vino desde Alemania a casarse con un hombre que nunca antes había visto. Dos de sus cuatro hijos murieron de tuberculosis. Mi abuela decía que después de aquella tragedia Bernardo se había vuelto un poco loco.

Fotografía tomada en el estudio de los hermanos Sciotti en General Paz, provincia de Buenos Aires.

La procedencia es desconocida pero lo más probable es que sea de Estados Unidos. El ambrotipo fue uno de los primeros procesos fotográficos: permitía exposiciones cortas pero su desventaja era que las imágenes eran únicas e irreproducibles.
¡Hoy tengo en mis manos una pieza única de la historia de la fotografía!

«Sentí el retrato de mi madre guardado en la bolsa de la camisa, calentándome el corazón, como si ella también sudara. Era un retrato viejo, carcomido en los bordes; pero fue el único que conocí de ella. Me lo había encontrado en el armario de la cocina, dentro de una cazuela llena de yerbas: hojas de toronjil, flores de castilla, ramas de ruda. Desde entonces lo guardé. Era el único. Mi madre siempre fue enemiga de retratarse. Decía que los retratos eran cosa de brujería. Y así parecía ser; porque el suyo estaba lleno de agujeros como de aguja, y en dirección del corazón tenía uno muy grande donde bien podía caber el dedo del corazón.
Era el mismo que traigo aquí, pensando que podría dar buen resultado para que mi padre me reconociera».
Juan Rulfo, Pedro Páramo (1955)
¡En ABRIR EL TIEMPO les dejamos algunas postales para que compartan con sus enamorad@s!
Mi tatarabuela Ana Ader de Grunbaum nació en Argentina alrededor de 1880. Una tarde en Adrogué un hombre se accidentó con su caballo frente a su casa. Lo hicieron pasar. Él la había visto pasear en mateo unos días atrás y se había enamorado de ella. El destino los juntó otra vez.

Una fotografía encontrada en una pila de mapas, papeles amarillos y libros viejos. Rosario, circa 1960.

Nicephore Niépce, Vista desde la ventana en Le Gras. 1828.
Hace 85 años, un 3 de febrero de 1828, Louis Daguerre le escribió una carta a Nicephore Niépce: «No puedo ocultar que ardo en deseos de ver tus experimentos tomados de la naturaleza». Se refería a los primeros pasos para la obtención de fotografías.
“La frase ‘todo tiempo pasado fue mejor’ no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que -felizmente- la gente las echa en el olvido. ” (Ernesto Sábato, El túnel)

“la fea es ésa, la que han traído hoy, la de los ojos que no hablan; dime, Leonor, dime, ¿tú pensaste en mí?; mira el ramo que te traje, un ramo de no me olvides, de los más lindos del jardín; ¡así, en el pecho! ¡esta es mi muñeca linda! ¿y no has llorado? ¡te dejaron tan sola! (…) ¡y a dormir, abrazadas las dos! ¡te quiero, porque no te quieren!»
José Martí, La muñeca negra