Rodolfo, un fotógrafo aficionado

Rodolfo Grunbaum es mi tatarabuelo y el precursor de la fotografía en mi familia. Antes de morir en un barco que vagaba por el Atlántico nos dejó un legado de cientos de placas estereoscópicas. Conservo fotos de Rodolfo jugando a las cartas, arriba de coches antiguos, vestido con una bata en la cama de mi tatarabuela, con un enterizo en la playa… en fin, siempre sus imágenes me resultan de una película de Woody Allen. Así lo miraba Anita, su mujer y una fotógrafa genial.

Rodolfo murió en alta mar y, como mis familiares no quisieron tirarlo por la borda, su cuerpo descansó en la heladera del barco. Esa noche, me contó una vez mi abuela, tuvieron que comer carne para hacerle lugar a Rodolfo. Vistieron de luto y todas las mañanas se paraban frente al congelador con un rosario entre las manos.

Rodolfo es de esos familiares que les tengo especial cariño, aunque sólo nos conocimos a través de un visor.

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